Imposiciones indebidas,
rostros soñolientos,
casi en pena, sin aliento.
Decisiones estúpidas,
no hay perdón, ni lo habrá,
sin vergüenza así se acaba.
Divagar entre maleza,
arbustos milenarios,
y también nubes esporosas.
Veneno al viento,
en carne del hambriento.
Desperza al desesperado,
en vísceras entre prados,
que no verdes, si no negros,
como un sin-nada eterno.
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