Árboles, negros como el petróleo,
huecos como tú y como yo.
Pájaros, blancos como el esperma,
maldicen, defecan y mueren.
Humus, marrón inmundicia,
de la cual está compuesto.
Yo,
contaminado de nuevo,
compuesto de pájaros,
anclado por árboles.
Mis náuseas nauseabundas abundantes y sobrecargadas de depresión,
provocan un vómito biliscitano que empaña mis fóveas.
Si no puedo ver, no puedo actuar, faciendo oscuridad,
sintetizando insultos y poco adecuado dolor.
Entonces, y después,
andando sobre negras baldosas de mis propios cabellos
me resbalo y destrozo mi mandíbula contra el asfalto que es tu esternón.
Ese pecho de marras es el mismo que tengo dentro mi pecho,
con lo que si migrañeas en ello para llevar a cabo dicha acción mi cuello debe quebrar.
Al final, con bilis en mis ojos,
pisando mi pelo,
partiéndome el cuello,
rompiendo mi propio esternón,
descalzo en el desierto que es mi mente, de arenas azules oscuras,
algunas blancas y otras negras en conjunto,
para formar gratos colores,
simplemente, solo cabe explotar y manchar de rojo el suelo y formar parte de él.
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