Los poemas trágicos,
un drama en sí.
Comprenden (si puede decirse)
cuanto queremos ocultar.
Desarraigado, solo,
ni encuentra ni busca,
solo muestra la realidad.
Un poema trágico,
es un conjunto de lágrimas,
perfectas esferas de agua y sentimientos,
fuentes de dolor (e incluso a veces alegría),
fuentes de sangre y hedor.
Sin embargo no huelen mal,
cuando más los necesitamos ahí están,
y los tomamos, los memorizamos,
lloramos y nos desahogamos con ellos.
Yo solo quiero dormir,
y dejar de crearlos,
los poemas trágicos,
que son un drama en sí.
Me gusta pensar que no lo necesito,
que no soy un conjunto de lágrimas.
Pero sin embargo,
me encuentro desarraigado, solo,
ni busco ni encuentro,
y no quiero ver la realidad.
Soy una perfecta mierda sin forma,
autoproclamado en mi interior, como dolor,
fuentes de sangre y edor.
Apesto, y cuando más los necesite no estarán,
los tomé, los memoricé,
pero lloro y en soledad desespero y muero.
Los poemas trágicos,
no existen, son una excusa usual,
para pensar que no sufrimos y somos inocentes, libres de pecado.
Pero la realidad está en el aire,
la olemos, y aprovechamos,
solo hace falta saborearlo, tomarlo,
y si eres capaz de digerirlo,
soltarme para tirar de la cadena.
Así, todo será mejor,
irá sobre ruedas, y no olerá a infierno y putrefacción.
viernes, 27 de diciembre de 2013
sábado, 14 de diciembre de 2013
Lo siento.
Árboles, negros como el petróleo,
huecos como tú y como yo.
Pájaros, blancos como el esperma,
maldicen, defecan y mueren.
Humus, marrón inmundicia,
de la cual está compuesto.
Yo,
contaminado de nuevo,
compuesto de pájaros,
anclado por árboles.
Mis náuseas nauseabundas abundantes y sobrecargadas de depresión,
provocan un vómito biliscitano que empaña mis fóveas.
Si no puedo ver, no puedo actuar, faciendo oscuridad,
sintetizando insultos y poco adecuado dolor.
Entonces, y después,
andando sobre negras baldosas de mis propios cabellos
me resbalo y destrozo mi mandíbula contra el asfalto que es tu esternón.
Ese pecho de marras es el mismo que tengo dentro mi pecho,
con lo que si migrañeas en ello para llevar a cabo dicha acción mi cuello debe quebrar.
Al final, con bilis en mis ojos,
pisando mi pelo,
partiéndome el cuello,
rompiendo mi propio esternón,
descalzo en el desierto que es mi mente, de arenas azules oscuras,
algunas blancas y otras negras en conjunto,
para formar gratos colores,
simplemente, solo cabe explotar y manchar de rojo el suelo y formar parte de él.
huecos como tú y como yo.
Pájaros, blancos como el esperma,
maldicen, defecan y mueren.
Humus, marrón inmundicia,
de la cual está compuesto.
Yo,
contaminado de nuevo,
compuesto de pájaros,
anclado por árboles.
Mis náuseas nauseabundas abundantes y sobrecargadas de depresión,
provocan un vómito biliscitano que empaña mis fóveas.
Si no puedo ver, no puedo actuar, faciendo oscuridad,
sintetizando insultos y poco adecuado dolor.
Entonces, y después,
andando sobre negras baldosas de mis propios cabellos
me resbalo y destrozo mi mandíbula contra el asfalto que es tu esternón.
Ese pecho de marras es el mismo que tengo dentro mi pecho,
con lo que si migrañeas en ello para llevar a cabo dicha acción mi cuello debe quebrar.
Al final, con bilis en mis ojos,
pisando mi pelo,
partiéndome el cuello,
rompiendo mi propio esternón,
descalzo en el desierto que es mi mente, de arenas azules oscuras,
algunas blancas y otras negras en conjunto,
para formar gratos colores,
simplemente, solo cabe explotar y manchar de rojo el suelo y formar parte de él.
viernes, 13 de diciembre de 2013
Marío
Escapa María de sus fauces,
no quiere ser mordida, dañada o maltratada.
No corre,
no salta,
mucho menos camina.
Crece.
Sus raíces han reventado ya el asfalto
y sus hojas no caen
cuando Otoño, malcriado, aparece.
Muchas veces Mario la busca,
pero no la encuentra,
mas sabe porqué.
Pero no es fácil de explicar.
Aparece, hielo escarchado,
el frío de la estación de las fallas me hace pensar mejor.
Mario masca pensamientos entrelazados entre su cuerpo calloso.
El reloj que no marca las horas hace aparecer la luna.
Desaparece luna roína y déjame vivir en paz con mi vida y mi bizca faz.
María piensa no ver las cosas de forma correcta,
saca en movimientos salvajes las raíces para renacer muerta.
La muerte está sobre valorada,
mejor una nueva que permanecer como una rata.
María muere y renace,
cual fénix de sus propias fauces de rabia y amor,
aparece bella sin rencor ni odio.
Dios Mío no me mueras,
sin vida estar no quiero,
ya es bastante complicado aguantarme de mis tripas este fuego.
Mal hablado vástago bastardo,
fulminado por un rayo divino se deshace entre las nubes,
pues el viento elevó el polvo en el que este se convirtió.
Comenzó a llover y el cuerpo de Mario cayó en partículas
acuáticas puras y bohemias sobre la tumba de María.
María acude a su tumba,
para recordar porqué ahora es como es,
y no sigue muerta.
Entonces observa el color dorado de la piedra grabada con su nombre,
antes gris,
pero renovada con el alma de Mario.
María, con sus uñas puras y bohemias rasgó la piedra para cambiar su nombre en la muerte por el de Marío.
Concluyó entonces que los dos eran el mismo ser,
Marío,
la cúspide de la pureza y la bohemia.
la envidia de María y Mario,
su obra perfecta,
de barro y madera, raíces y asfalto,
sangre y vísceras, muerte y vida.
Antídotos del veneno del odio,
del miedo y el maltrato.
Felicidad, sexo amable y caricias celestiales
les esperan cuando vuelvan a encontrarse,
y ese momento llegará cuando vuelvan a encontrarse,
y ese momento llegará cuando más convenga,
y la espera da igual,
el tiempo es inútil cuando sabes que va a pasar.
no quiere ser mordida, dañada o maltratada.
No corre,
no salta,
mucho menos camina.
Crece.
Sus raíces han reventado ya el asfalto
y sus hojas no caen
cuando Otoño, malcriado, aparece.
Muchas veces Mario la busca,
pero no la encuentra,
mas sabe porqué.
Pero no es fácil de explicar.
Aparece, hielo escarchado,
el frío de la estación de las fallas me hace pensar mejor.
Mario masca pensamientos entrelazados entre su cuerpo calloso.
El reloj que no marca las horas hace aparecer la luna.
Desaparece luna roína y déjame vivir en paz con mi vida y mi bizca faz.
María piensa no ver las cosas de forma correcta,
saca en movimientos salvajes las raíces para renacer muerta.
La muerte está sobre valorada,
mejor una nueva que permanecer como una rata.
María muere y renace,
cual fénix de sus propias fauces de rabia y amor,
aparece bella sin rencor ni odio.
Dios Mío no me mueras,
sin vida estar no quiero,
ya es bastante complicado aguantarme de mis tripas este fuego.
Mal hablado vástago bastardo,
fulminado por un rayo divino se deshace entre las nubes,
pues el viento elevó el polvo en el que este se convirtió.
Comenzó a llover y el cuerpo de Mario cayó en partículas
acuáticas puras y bohemias sobre la tumba de María.
María acude a su tumba,
para recordar porqué ahora es como es,
y no sigue muerta.
Entonces observa el color dorado de la piedra grabada con su nombre,
antes gris,
pero renovada con el alma de Mario.
María, con sus uñas puras y bohemias rasgó la piedra para cambiar su nombre en la muerte por el de Marío.
Concluyó entonces que los dos eran el mismo ser,
Marío,
la cúspide de la pureza y la bohemia.
la envidia de María y Mario,
su obra perfecta,
de barro y madera, raíces y asfalto,
sangre y vísceras, muerte y vida.
Antídotos del veneno del odio,
del miedo y el maltrato.
Felicidad, sexo amable y caricias celestiales
les esperan cuando vuelvan a encontrarse,
y ese momento llegará cuando vuelvan a encontrarse,
y ese momento llegará cuando más convenga,
y la espera da igual,
el tiempo es inútil cuando sabes que va a pasar.
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